![]() |
| La prudencia democrática exige esperar el escrutinio |
Por Luis Herasme
Martes, 23 de junio 2026.
La rapidez con que diversos actores políticos, mediáticos e incluso internacionales han comenzado a tratar como definitiva una eventual victoria de Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales colombianas, plantea interrogantes legítimas sobre el respeto a los procedimientos electorales establecidos por la ley.
El preconteo, aunque útil para ofrecer una tendencia preliminar la noche de la elección, no tiene valor jurídico vinculante. Su función es informativa, no decisoria. El resultado oficial surge únicamente del escrutinio, proceso en el que se revisan las actas, se corrigen inconsistencias y se conocen las reclamaciones e impugnaciones que puedan presentar las campañas.
En una elección donde la diferencia reportada en el preconteo ronda apenas el 0.95%, cualquier error de transmisión, inconsistencia documental o corrección derivada del escrutinio adquiere una relevancia extraordinaria. La estrechez del margen obliga a la cautela y no a las proclamaciones anticipadas.
Desde esta perspectiva, la insistencia de algunos sectores en presentar la victoria como un hecho consumado podría interpretarse como una estrategia política de construcción de narrativa. Cuando se instala tempranamente en la opinión pública la idea de un ganador indiscutible, cualquier modificación posterior derivada de los mecanismos legales corre el riesgo de ser presentada como sospechosa, aun cuando responda precisamente a los procedimientos contemplados por el sistema electoral.
No se trata de afirmar que existan irregularidades ni de sugerir que el resultado final necesariamente cambiará. Tampoco de cuestionar sin pruebas la transparencia del proceso. Sin embargo, resulta legítimo preguntarse por qué existe tanta premura en cerrar el debate cuando la autoridad electoral todavía no ha concluido el único procedimiento que posee rigor jurídico.
La experiencia democrática internacional demuestra que en elecciones altamente competitivas la paciencia institucional es una virtud indispensable. Los candidatos, los medios de comunicación, los observadores y los gobiernos extranjeros tienen la responsabilidad de contribuir a la estabilidad del proceso evitando conclusiones definitivas antes de tiempo.
La confianza en la democracia no se fortalece proclamando ganadores apresuradamente, sino respetando las etapas que la propia democracia establece para verificar la voluntad popular. En el caso colombiano, ello implica esperar no solo la culminación del escrutinio, sino también la resolución de las impugnaciones y reclamaciones que puedan surgir.
El verdadero vencedor de una elección no es quien aparece primero en el preconteo, sino quien resulta ratificado por el proceso legal completo. Hasta entonces, la prudencia debería prevalecer sobre la ansiedad política y mediática.

Blogger Comment
Facebook Comment