Lula remonta y derrota con el 51.76% a Bolsonaro en la segunda ronda.

 



Por Luis Herasme
Domingo, 25 de octubre 2026

La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta presidencial de Brasil representa un acontecimiento político de gran trascendencia para América Latina.

El mandatario brasileño consiguió revertir la desventaja que había sufrido en la primera ronda y alcanzar la victoria en una contienda que enfrentó dos visiones ideológicas distintas sobre el papel del Estado, la economía y las políticas sociales. 

Nunca antes un candidato que había perdido en la primera había ganado en la segunda, convirtiendose por consiguiente en el primero en lograrlo, en el marco de las normas electorales vigentes desde el año 1989.

Con el 99,87 % de las secciones electorales escrutadas, Lula alcanzaba 64.144.599 votos, equivalentes al 51,76 %, frente a 59.774.442 votos de Flávio Bolsonaro, que representaban el 48,24 %. La diferencia era de 4.370.157 votos y 3,52 puntos porcentuales, una ventaja que confirmaba la remontada del candidato de izquierda, aunque todavía correspondía a un escrutinio prácticamente concluido, no a la totalización definitiva.

El resultado adquiere mayor significado al compararlo con la primera vuelta. En aquella ronda, Flávio Bolsonaro obtuvo 56.104.268 votos, equivalentes al 47,03 %, mientras Lula alcanzó 53.876.617 votos, el 45,16 %. Bolsonaro había aventajado al mandatario por más de 2,2 millones de votos, una diferencia que parecía colocarlo en una posición favorable para conquistar la Presidencia.

Sin embargo, el desenlace de la segunda vuelta cambió el panorama electoral. Lula no solo logró revertir aquella desventaja, sino que terminó situándose más de cuatro millones de votos por delante de su adversario. ¿Qué factores pudieron contribuir a este cambio?
Una estrategia electoral más combativa

Uno de los elementos que pudo favorecer a Lula fue el relanzamiento de su campaña. El presidente intensificó sus actividades, reforzó sus mensajes y asumió una posición más firme frente a su adversario, procurando convertir la segunda vuelta en una decisión sobre el futuro de las políticas sociales y la orientación política del país.

Los debates electorales también pudieron contribuir a esa dinámica, al permitir una confrontación directa de propuestas, argumentos y estilos de liderazgo. En una elección tan polarizada, la capacidad de transmitir confianza y responder a las críticas puede resultar determinante para conquistar a los votantes indecisos.

No obstante, el resultado no puede atribuirse exclusivamente a los debates o a la estrategia de campaña. La remontada parece responder a una combinación de factores políticos y sociales, entre ellos la movilización electoral y la capacidad de Lula para presentar su continuidad como una garantía de protección de determinados derechos y programas públicos.

Otro elemento que merece atención es la movilización de estudiantes y otros sectores sociales en defensa de la educación pública y de las políticas sociales del Gobierno. Las manifestaciones pudieron contribuir a fortalecer el entusiasmo de los simpatizantes de Lula y a mantener activa la campaña en las calles.

La defensa de los programas sociales, el acceso a la educación, la protección de los trabajadores y la reducción de las desigualdades constituyeron componentes importantes del mensaje del presidente.

Su campaña buscó recordar a los electores los beneficios asociados a las políticas públicas y presentar la continuidad gubernamental como una vía para profundizar las reformas sociales.

También cobraron importancia las propuestas laborales, entre ellas las relacionadas con la reducción de la jornada de trabajo, que conectaron con las aspiraciones de quienes reclaman mejores condiciones laborales y más tiempo para sus familias.

Lula, dirigente del Partido de los Trabajadores, representa a la izquierda brasileña y defiende un Estado con participación activa en la reducción de las desigualdades, el fortalecimiento de los servicios públicos y la protección de los sectores más vulnerables. 

Su propuesta política concede especial importancia a los programas sociales y a la intervención pública como instrumentos para mejorar las condiciones de vida de la población.

Flávio Bolsonaro, por su parte, representa a la ultraderecha y al movimiento bolsonarista, con posiciones más duras en materia de seguridad, una agenda social conservadora y una mayor orientación hacia los mecanismos del mercado y ajustes económicos.

En ese sentido, la elección brasileña también expresó una disputa sobre el modelo de sociedad que debe orientar al país: uno que otorga especial importancia a la inclusión social y a la intervención pública, representado por Lula, y el otro que plantea un giro conservador basado estrictamente en el mercado y los recortes en f
avor de las élites, que representa Bolsonaro. 
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